Lo siento.

Lo digo de verdad, no sólo hablo de sentirlo a flor de piel, esa capa externa que la mayor parte de las veces sirve como coraza, por frágil que parezca. Lo siento de verdad. De esas cosas que se sienten de adentro hacia afuera y no al revés. Que quieren salir y como si fuéramos sus dueños, no las dejamos, la retenemos hasta que pasa lo que algunos llamarían implosión.

Una implosión controlada o como le digo yo, artículo.

La terapia que me ha servido desde hace tiempo, hoy la bautizo con otro nombre, porque lo siento. Tal vez por eso no me gusta mirar para atrás, porque suele llegar una ola llena de nostalgia que me hace cuestionarme tantas cosas que termino enredado entre tanto signo de interrogación. Tal vez y sólo tal vez, me hacía falta sacarlo y decirte cuánto lo siento.

Lo siento, por posponer esa salida y ese café. Por creer que el trabajo era lo suficientemente urgente como para desplazar a lo verdaderamente importante. Por haber pasado todo para después como si fuera dueño de mi tiempo, pero sobre todo, del tuyo. Lo siento.

Lo siento, porque sé que te fallé, que cuando más me necesitaste no supe estar, al contrario de ti. Y cuando quise recuperar las horas, los días y los momentos, mi reloj se había quedado sin pila, era demasiado tarde. Siento tanto no haber encontrado las palabras correctas para poder consolarte, pero sobre todo, siento mucho no haberme quedado callado cuando debía.

Lo siento por aquella vez en la que no llegué a donde habíamos quedado y puse en duda el valor de mi palabra. Por todos esos planes que no pudimos cumplir y los dejamos guardados en el cajón de los pendientes.

Lo siento, por todas las veces que dije que sí, queriendo decir que no y por todas las veces en las que el orgullo me ganó y pasó lo contrario, dije que no cuando quería decir que sí con el acento más grande del mundo.

Lo siento, por todo lo que olvidé y por los recuerdos que no fui capaz de dejar. Por culpar al tráfico que no me dejó llegar hasta ti. Por la distancia que puse de por medio sin ser consciente de que los ríos se convierten en mares y los metros en kilómetros y que ahora, no me alcanza ni con millas de vuelo para recorrer todo ese camino que en todo este tiempo me dediqué a poner entre los dos.

Lo siento, de verdad lo siento.

Perdón.

Y es que un perdón siempre llega acompañado de un lo siento, porque sin lo segundo no se puede pronunciar de manera clara lo primero.

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