De qué escribo cuando hablo de escribir.

Escribir por escribir. Así sin más. Porque los dedos me tiemblan, porque me arde la sangre, porque cada que tecleo algo, mi cabeza se mueve de manera inconsciente como la mueven los que tocan el piano.

Porque cada frase que me pone los pelos de punta, también me produce taquicardia.

Escribir por escribir, porque a veces no hay otra forma de sacar todo. De dejar ir. De hablar sin mover la boca. De sentir sin necesidad de alguien.

Y es que mientras me siento a ver un atardecer en medio del segundo o tercer café del día y la música me ayuda a alejarme del mundo, me da por escribir. Por querer hacerlo. Así sin más, sin encontrar un tema, sin la necesidad de buscarlo.

De escribir por escribir. Porque se me vienen un montón de palabras a la cabeza, frases que antes de estar puestas sobre el papel suenan increíbles. Que antes de salir de mi boca tienen todo el sentido y una vez puestas aquí ya no suenan a nada, pero qué bien se siente verlas nacer, crecer e irse. Adiós, regresen cuando hayan cambiado o no vuelvan.

De eso escribo cuando hablo de escribir, pero este soy yo. No Murakami.

Y menos mal.

De las ganas que me trajeron a esta hoja. De la sonrisa que se me dibuja con cada línea. De esta esperanza torpe y duradera que me cuenta cosas al oído para ponerlas aquí, formando líneas y a veces incluso, una que otra idea concreta entre tanta ambigüedad.

Qué ganas tenía de volver a hacerlo. De volver a encontrarme en este espejo que no hace más que contarme cosas a las pupilas. Que me entiende. Que me sonríe. Que me provoca.

Hablo de esta frustración de no encontrar las palabras correctas. De este coraje que me provocan las frases sin sentido. De estas horas viendo una pantalla en blanco y de este renacer al encontrar el antónimo de todo lo anterior. De escribir por escribir.

Qué ganas de encontrar un buen principio. Qué ganas de que me encuentre un gran final y terminar gritando al borde de un orgasmo gramatical.

Hablo de cambiarme de estado emocional, a uno con interlineado cero y sin necesidad de justificarlo.

Hablo de escribir por escribir. Porque me gusta.

Porque me da la gana.

Porque puedo.

Y a veces incluso, porque siento que me lo debo.

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