El que llegue al último.

Todo parece indicar que siempre perdemos, así que corre y deja de perder el tiempo leyendo esto. El reloj sigue avanzando.

Desde que la vida empieza ya llevas el marcador en contra, empiezas a restarle días al calendario para cuando dejes de estar. Pierdes lágrimas en los primeros minutos de haber llegado a este mundo, pierdes la dignidad cuando un grupo de desconocidos te ven desnudo, te nalguean y luego pierdes aire mientras no paras de llorar.

Creces y pierdes los dientes y con ellos a veces también la sonrisa. A veces pierdes de manera momentanea la capacidad de asombro, la imaginación y algún que otro despistado termina perdiendo también la espontaneidad y con eso, lo ha perdido todo.

Y así creces, avanzas y haces lo que en la vida se debe hacer a cada paso, que es elegir. Pierdes. Porque elegir, también es renunciar a lo demás. Eso sí, una vez que te mueves, no hay que voltear para atrás, porque es ahí cuando te da la impresión de haber perdido el tiempo. El tiempo, eso que te dicen a cada instante que pierdes, sobre todo en la juventud, cuando te ven caminar lento, cuando piensan que llevas la mirada en el suelo y no se dan cuenta que en realidad tienes las ideas en el cielo. Cuando parece que no llevas mucha prisa y es entonces, cuando los que se han acostumbrado a caminar rápido, a ritmo de la inercia, piensan que estás mal por ir a una velocidad distinta. Pasan junto a ti y te intentan apurar, porque el que llega al último, pierde. A donde sea que da igual, que se trata de llegar primero. No conocen otra forma distinta para ganar.

Pierdes cuando al voltear para atrás ves las oportunidades que dejaste ir y por estar al pendiente de ellas, se te van las que acaban de pasar.

Ya será decisión de cada uno seguir con los pensamientos de los demás o empezar a crear los propios. Criterio, le dicen, aunque también esté en peligro de extinción.

Por poco y pierdo el hilo de lo que estaba escribiendo y termino perdiendo una cosa más.

Hay momentos, situaciones o circunstancias que también te hacen perder las ganas. Pierdes el interés y a veces hasta la esperanza. Y se vale que pierdas todo esto, mientras sea sólo por un momento.

Pierdes la perspectiva. Pierdes la idea de la vida y las ganas de disfrutar hasta de lo que pierdes, porque dime quién se ha quejado de haber perdido la virginidad cuando lo ha hecho a voluntad.

Pierdes el día que enfocas tu atención en lo que se fue, lo que ya no está y no en lo que te dejó, porque esa es la contraparte. Para que exista el negro, tiene que existir el blanco. Para que exista el sí, debió antes comprobar su existencia el no. Lo mismo pasa con la pérdida.

Seguramente ganas algo y todavía no eres capaz de encontrarlo. No somos.

Igual y todo cambia el día que le quitemos la connotación negativa al concepto de perder. Nadie se ha quejado de haber perdido la ropa después de una noche de copas, una noche loca. Por ejemplo.

Qué necesidad de avanzar a gran velocidad. No nos hemos dado cuenta que la prisa nos hace olvidarnos de los detalles, pasar de ellos. Y esa, sí que es una gran pérdida.

El que llegue al último pierde.

Igual es que no nos estamos enterando de nada y el que llega al último es porque se pasó la vida ganando.

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